La Columna de Leviatán. Hay una narrativa común en la política queretana que, ante el colapso de la infraestructura hídrica, abasto de agua, el tráfico, la saturación de los servicios hospitalarios o el crecimiento silencioso o silenciado de los delitos, la primera respuesta del gobernante mediocre, Mauricio Kuri, no es asumir su responsabilidad ni auditar sus presupuestos, sino señalar con el índice hacia la autopista, para él las causas no son la falta de inversión, la corrupción en las licitaciones, ni del desorden inmobiliario, los drenes en mal estado o la falta de servicio básicos, no, la culpa de todo el desorden es de los que vienen de fuera a romper la “gloriosa armonía del estado” o más bien, de los intereses del gobernante en turno.
Esta obsoleta estrategia narrativa del poder autoritario ha encontrado un terreno fértil en aquellos estados que han experimentado un crecimiento dinámico o flujos de migración dinámicos, cuando los servicios públicos truenan y la infraestructura básica se muestra incapaz de sostener la demanda cotidiana, la administración gubernamental recurre al mito de la invasión, se construye así una mentira tramposa: una suerte de «edad de oro» idílica e impoluta que supuestamente existía antes de que la masa de foráneos llegara a alterar el orden local.
Un claro ejemplo de ello es el estado de Querétaro, donde ante la falta de servicios, exceso de corrupción, persecución y hostigamiento a la manifestación social, el Gobierno de Mauricio Kuri, en vez de atacar el origen de estos males, han decidido señalar a los “que vienen de afuera” como si la mala administración que ha realizado tuviera como causa principal “la carretera” que los conecta con Michoacán, Veracruz, Hidalgo, Estado de México, CDMX o Guanajuato.
Para muestra, aquí algunos ejemplos, el Gobierno del Estado, el panismo y sus funcionarios públicos en la Legislatura y municipios, intentan una y otra vez perpetuar la mentira de la «pérdida de la tranquilidad» por factores externos, la cual sostiene que los problemas de delincuencia, violencia e inseguridad no son estructurales ni producto de fallas en la prevención, sino una «importación», se pretende posicionar a la entidad como un oasis de paz que es constantemente amenazado o «contaminado» por personas provenientes de estados vecinos con altos índices delictivos o de la CDMX.
Frente a la escasez de agua, el tráfico desbordado o la saturación de los servicios de salud y transporte público, la narrativa oficialista desplaza la responsabilidad de la falta de planificación urbana o inversión hacia la masa poblacional flotante o recién llegada, y sin mayor rubor afirman que los servicios públicos colapsan porque el estado recibe a decenas de familias al día, presentando la llegada de nuevos habitantes como un fenómeno impredecible y descontrolado más que como una variable demográfica que debía ser presupuestada y gestionada con los ingresos fiscales generados por ese mismo crecimiento, no hay análisis, ni proyección.
Otro aspecto fundamental es la trampa identitaria, el discurso conservador suele aludir a un presunto «estilo de vida local» o una «cultura del orden y el trabajo» que se ve amenazada por el comportamiento de los foráneos, se responsabiliza a los recién llegados de trastocar la convivencia social, la cortesía vial, la limpieza urbana o la cohesión comunitaria, esta narrativa fomenta una polarización del tipo nosotros contra ellos, donde el local es por definición ordenado y respetuoso, mientras que el foráneo es visto con sospecha como un agente de desorden o inestabilidad, y esto más vas allá, en el intento desesperado de las Élites Gobernantes de seguir con el control de su Feudo, por eso publican videos donde gritan como desesperados y llegando al ridículo “Querétaro es nuestro”.
Y finalmente, la cumbre de la degradación democrática ocurre cuando al ciudadano, sea nacido o recién llegado, levanta la voz para exigir seguridad, servicios funcionales o cuentas claras, la burocracia desinteresada desenfunda su consigna favorita, emitida con un tufo de superioridad moral como una máxima dictada casi por Dios: «Nadie te obligó a venir; si no te gusta cómo son las cosas aquí, devuélvete a tu estado».
Esta frase representa la falacia del falso mandato de pertenencia. El absurdo del Gobierno del Querétaro y sus “qromadores” parte del supuesto que la crítica a las deficiencias de un gobierno implica un desprecio hacia la comunidad o la tierra; confunden estado con el gobernante, la ciudad con la burocracia de turno, y la identidad cultural con la pésima administración de la red sanitaria. Así que exigirle al Gobierno no es estar en contra de Querétaro, sino en contra de los saqueadores y corruptos; a favor de la gente, de una mejor calidad de vida, servicios suficientes y de calidad, por eso es indispensable que llegue la Transformación de la vida pública en el estado.